miércoles, 20 de junio de 2007

A la hora de dormir


Siempre llega a la hora de dormir. De un sentido cáustico, cuasi-mortal. Cuando juntas entre miradas el frío que se sube por la espalda antes de voltear. Es la sombra engarruñada por los rincones, la forma fétida y sulfurosa de unos cuernos enganchados al alma. Cuando la almohada aparece siniestra antes de "en-tumbarla" por el suelo. Y ahí me quedo: quieto, con los ojos pelones, esperando ver aquello que no quiero ver; no me vaya a agarrar desprevenido. Cuando los quejidos son de espanto. Cuando las bisagras se arrastran en rechinidos por el suelo hasta mi cuarto, desde afuera, desde donde vienen todos a asustar subiendo por los pies helados, entre mis cobijas, con un tridente en las costillas para sofocar. Cuando me respiran en el cuello y temo que sea cierto y tenga que enterármelo yo solo. De dientes pelones y rostro quemado, pero viéndome clarito a los ojos. Como aquel que ahorita está en el closet sentado. Ese que me ve escribiendo tan atento. Ahí está, si ya lo vi, nomás me hago el disimulado. Con la cabeza gacha, de cuero pelado, sanguinolento. Con greñas pero sin muchos mechones y que ahí está, rumiando como animal mal engendrado, esperando me mueva para salir como alma que lleva el diablo y devorarme completito. Ése, ya lo vi. Respira hondo, para que sepa yo que sigue vivo y se me va a trepar nomás me duermo, nomás me descuido tantito y lo dejo se me suba. Por eso no me muevo de aquí y sigo escribiendo. Porque apenas llevaba unas veinte palabras y ya lo habia visto. Desollado como cochino, llenando de sangre mis zapatos, tocando con un dedo la puerta blanca de madera de mi closet, como contando los minutos antes de asustarme. Lo que no sabe es que cuando había escrito apenas diez palabras sentí unos dedos en mis tobillos y el aliento caliente que tienen las bocas cuando le respiran a uno cerquitita de la piel. Así, clarito, en mis pantorrillas, subiendo poco a poco mientras yo no le miro, yo nomás escribo, no vaya a ser que me asuste yo y me mueva muy brusco y el del closet se me venga encima con sus mil demonios antes de que el de abajo me respire tan cerquita al oído que ese cosquilleo de miedo sea literalmente mi último aliento.

2 comentarios:

Pequeña Saltamontes dijo...

¡Bu!

Cirantis dijo...

=) me recordo a mi pekenio escrito jeje...lo cual es lo que hago cuando me da miiieeeeiioo el cocow...je...:

Tengo miedo
y me acurruco bajo la cama,
me tapo con la sábana
y pido que se vaya,
aquello que me asusta,
aquello que le temo.

Me tapo los ojos y no respiro,
esperando que con un suspiro
se cumpla lo que pido.

Que se vaya y no vuelva,
que se vaya y desaparezca,
que se vaya que tengo miedo,...que se vaya.

tiii amo..mi amor!!!..mil besos!!! sabor cereza ji2...=)

no tengas miedo has lo que yo jaja...a veces funciona jajja :P