domingo, 24 de junio de 2007

Hay dos caminos

Hay dos caminos, cuatro si uno se pone a filosofar. Prefiero el primero, no sé si porque es el viejo, o porque se siente cómo se entumece la cara de historia y frío de tanto pasar; tanto que uno bien sabe que la vaca se ha movido por el nuevo pedazo pelón de verde en el camino. El otro camino está así de pelón. Si no fuera por el de Cuitzeo, más valía voltearse treinta kilómetros a un lado, e imaginarse que anda uno saltando por los baches de Quiroga o Zacapu; que así se viaja mejor.

El de ida se siente largo y escabroso. Apenas uno le agarra confianza, se tuerce y se tambalea, como queriéndome echar del lomo. Nomás ve uno cómo serpentea mientras las ruedas se agarran al pavimento como si le quisieran alinear. Así voy a gusto. Uno espabila los sentidos e imagina trailers y carros atravesados. Quizá hasta se ponche una llanta y voy a dar al fondo del lugar. Total, me echo un clavado al de Pátzcuaro y espero venga la grúa. Con la camioneta llena de comida, ¿qué más puede pasar?

Alguna vez tuve que desviarme, salirme del camino. Primero intenté la autopista. No sé si llegué soñando acaso, pero gran parte del trayecto apenas si se recuerda como algo que fue. Que si los vidrios polarizados, el narco, el sinaloense de visita, y la mordida del fuereño. Quinientos pesos, y ni hablar. La alternativa son mil doscientos y andar sin licencia. Cuando con treinta se los quita un michoacano de encima. Y si la ida fue aburrida, la de venida peor; pues te avientas la laguna al salir y de ahí pal real, ni charcos. Casi le miento la madre al federal, nomás pa tener con quien platicar. Y mando un mensaje en el celular, y el que me la mienta es el angel de la guarda, ya cansado de manejar.

Así anda uno, llenando fichas de retiro, de depósito, atinándole al lugar donde se está.

-¿Y dónde hay un HSBC por aquí?
-Uh, joven, anda relejos. Se tiene que ir por aquí y...
-Pues que no Zamora es chiquito.
-Pues sí, pero en Morelia ya crecimos, y tiene que usted evitar el tráfico por el periférico y rodear la ciudad.
-Ah, pos sí, verdad.

Y luego, de regreso. Bajo los vidrios polarizados hasta el suelo, no me vayan a ver. Que con la carraspera que me agarra, no dudo y me sigan de a oído. El de placas de sinaloa... y todos viendo. Hasta los militares se arremangan la camisa y aprietan los rifles.

-¿Cómo le va, joven? ¿Adónde va?
-Pa Zamora.
-¿No será usted de Sinaloa pues?
-Sí, pero no voy pallá.
-¿A qué se dedica?
-Pues, antes sabía; ahora nomás estoy cansado y me duermo ya que terminé de hacerlo.
-Que le vaya bien, pues. Ándese con cuidado.
-Ándese con cuidado usted, que no ve que soy de Sinaloa...

Entonces despierto, no sé ni dónde, pero ya es hora de irme. Es la idea de modernidad... uno siempre con un lugar a donde irse... un lugar el cual dejar. En la mañana la casa, en la tarde el trabajo, con los años, la ciudad. Con ganas de decir, yo aquí me quedo, y descansar hasta tarde y bostezar si alguien viene con problemas... ¿qué sé yo? Yo vengo de Sinaloa.

Entonces es el otro camino. De bajadita. Agarro la sierra y sólo se siente cómo me escurro por ella. Hasta saco la lengua para afinar los sentidos. No como en la otra, donde me rasuro, envío mensajes, plancho la ropa y le enseño a mi loro a manejar. No vaya a ser que me duerma y me despierte cubierto en rosales en las tripas de un gusano. Por acá no es necesario. Por el viejo camino. Atravieso CHilchota y me pregunto si de acá salen los embutidos... o si eran embutidos en un principio. Yo como Fud. La costumbre. El paisaje es verde, y allá, al fondo, a la izquierda, para el oeste... se ve una colina, apenas poblada en casas. Será Jiquilpan, será Jacona allá adelante, pero he llegado. Acá me siento a gusto. No hay mucho por qué batallar. Yo entrego el jueves y de ahí, voy patrás. Llego a la gasolinería cuando me topo con otro auto con placas sinaloenses... también polarizado.

-Buenos días, amigo... también es de Sinaloa.
-Sí -le contesto con auténtica alegría en el rostro-. Soy de Culiacán.
-Ah, yo soy de Guasave -me dice sin soltar la manguera-. ¿Pues qué anda haciendo por acá?
-Ya ni sé -le contesto-. Se me va el tiempo en dormir cuando estoy cansado del trabajo.
-Yo voy para la casa. Vinimos con unos familiares, a conocer pues.
-Sí, pues, es bonito.
-¿Qué, no va pa Culiacán?

Volteo a la carretera. Sólo el letrero se alcanza a ver. Respiro profundo y contesto cuando el auto con placas de sinaloa sigue a la derecha. Primero pasa por Guadalajara, luego Tepic, Mazatlán... Yo doblo a la izquierda.

-No, amigo, yo aquí me quedo. Mañana voy pa Morelia, y si ve a un Culichi, me lo saluda... dígale que dije yo.

2 comentarios:

Cirantis dijo...

Te quiero luis, te extrañio muchooo!!!...te adoro por el hombre que eres, lo perfecto que eres, por lo que me regalas dia a dia, por estar siempre conmigo, te quiero como nunca!!y como siempre lo hare...besitos mi amor!=)

ki dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.