miércoles, 9 de mayo de 2007

Había una edad


Había una edad donde todo era fácil, siempre decimos. Donde no había preocupaciones, estrés, corazones rotos y todo se curaba con un beso de mámá. Todo era aprender y divertirnos. Sentir, vivir, hacer lo que nos fascinaba todos los días. Estoy de acuerdo. Pero también recuerdo un pequeño detalle que no todos comentan. Recuerdo que no encontraba las galletas, o no las alcanzaba, recuerdo que llegaba la noche y tenía que volver a casa sin importar cuán divertido estaba. Recuerdo que todo dolía como nuevo y lo único que podía hacer era sentarme a llorar. Como cuando mi padre se iba o mi mamá me dejaba en algún lugar. Recuerdo que había un monstruo bajo mi cama y lo peor del mundo era la oscuridad. Bien recuerdo estar en un lugar extraño, con gente extraña, queriendo volver a casa, y ver a mi madre y mi padre divertidos, repitiendo una y otra vez que nos iríamos en un rato. Recuerdo odiar la escuela y tener que ir a ella todos los días de mi vida hasta ser adulto.

Ahora, puedo comprar las galletas que quiera, cuando quiera y comerlas a montones, hasta que se me hinche la panza. Ahora puedo no volver a casa en meses, sin importar la noche, y todo está bien. Ahora tengo más experiencia y ya no lloro cuando mi perro muere o mamá me deja solo o cuando extraño a papá. No le temo a la oscuridad y si hay alguien bajo la cama nomás le doy con mi bate de aluminio en la cabeza. No tengo por qué ir a la escuela si no quiero y al final del día, cuando estoy cansado, aburrido o con ganas de sentirme bien, lo único que tengo que hacer es volver a casa.

Ser niño es maravilloso, ser adulto lo es. Ser.

Encuentro que no entiendo a la gente que dice que no quisiera volver a ser niña otra vez. ¿Por qué no? Deseamos escuchar las mismas canciones toda la vida. Deseamos vestir de nuestro color favorito por siempre. Deseamos encontrar el amor en alguien que comparta su vida con la nuestra por la eternidad. ¿Por qué no ser niño de nuevo? ¿Por qué no recordar o incluso volver a empezar?

Quizá sea imposible. Quizá nunca vuelva a suceder; pero cada noche, cuando estoy en casa y tengo ganas de dormir, cierro los ojos muy fuerte y pido despertar al día siguiente y ser niño de nuevo, aunque sea por un día, para sentir todo nuevo, para sentir que he vuelto a empezar. Correr a la cama de mis padres y meterme entre sus sábanas, ver cuán grande es mi padre y cuánto quiero a mi mamá, salir a jugar todo el día, para volver antes de que oscurezca y no quiera entrar al cuarto a encontrar algo que me asuste. Ojalá sucediera de vez en cuando, en ésta o la vida siguiente, no por traumas o miedos, no por ganas de renunciar; por placer. Que si me compro galletas para disfrutar, quizá sólo quiero volver a ser niño para volverte a encontrar.

4 comentarios:

Cristina dijo...

Lindo...a mi si me gustaria volver a ser pekeña mil veces, si pudiera me quedaria alli donde todo mi mundo era perfecto....

Cristina dijo...

ah por cierto lindo bebé!!..=)

Kay dijo...

Vaya...no sé si es que estoy sensible o qué me pasa, pero me has hecho recordar tantas cosas bonitas que me has hecho llorar...me cachisss. Me he acordado cuando me metía en la cama de mis padres a hacer que leía el cuento de Alicia en el pais de las maravillas (me encantaban las ilustraciones).Qué bien olía...

Eres muy amable poniéndome un link, yo haré lo mismo, me ha gustado mucho lo que he leído.

Un fortísimo abrazo

Pequeña Saltamontes dijo...

Ser niña de nuevo...

No sé si por ser aquella criatura inocente que todavía era hasta hace poco o por olvidar un momento el desastre que estoy haciendo de mi vida.