jueves, 3 de mayo de 2007

El sexo, cosa maravillosa

Así es, qué cosa tan maravillosa es el sexo. Me pregunto, ¿quién lo tendrá? Yo no, eso está bastante claro.

Qué larga y tortuosa es la búsqueda del sexo, al menos, en la vida de su servidor. Estaba demasiado chico para pensar en esas cosas cuando tuve mi primera novia, esa que duró tres días y se fue para luego enamorarse varias veces, estar divorciada, con una hermosa bebé y vivir tras de mi casa. Ella claramente lo encontró. Luego las niñas bonitas de la escuela, una vez más, demasiado verde para poder llevar esas relaciones siquiera hasta el primer beso. Que es cuando se detenía cualquier fantasía que pudiera haber tenido al respecto. Luego, la vida adulta.

Puede uno llegar a pensar que con la vida adulta llega el sexo a borbotones; pero nunca fue así. Ya es demasiado importante para tenerse. Hay que saber si siquiera te interesa esa persona y llenar todos los requisitos es bastante difícil. "Buena onda", "trabajador", "lindo", "inteligente", "maduro", "atractivo"... qué decir. Si no logras que la muchacha que te guste te dé un beso, digamos que las probabilidades de que te dé algo más -lo demás- son prácticamente nulas.

Así, crecí con mitos e historias al respecto. Afirmando rotundamente con la cabeza y un "Claro" despreocupado siempre que llegaba la charla respecto al sexo. Claro que sí lo había tenido. Obviamente, siempre fui experto en decir esa mentira, y muchas otras, no lo voy a negar.

Pasaron los años y ya era parte de mi idiosincrasia. Era difícil ser llamado "El virgen de la colonia Guadalupe" pero al menos dejaban buenas ofrendas.

Entonces, llegó el día. Si has visto cualquier película de adolescencia precoz americana, sabrás de lo que hablo. Los incidentes y la clásica resolución. No me fue tan mal en realidad. Al menos no había la prisa y preocupación de terminar antes de que llegaran los papás. Aún cuando las probabilidades de terminar antes de que cualquier cosa pase son inversamente proporcionales a la experiencia.

Después de eso, las cosas no han sido mejores. Aún cuando tuve la fortuna de encontrar el amor y conocerlo enamorado. Eso pone a pensar en que, no importa la cantidad, si no, la calidad. Para luego desechar la idea como el conformismo de los que nada tienen.

No sé si volverá a ocurrir. Quizá ya haya sido mi última vez. Tendré lindos recuerdos al respecto. Quizá en la siguiente vida pueda ser árabe y tener un harén de 3000 mujeres. ¿Quién me dice que no?

Mientras, le diría a cualquier sacerdote... ¿Celibato? Por Dios. Ganarse a Dios es la cosa más fácil del mundo. Haz méritos, cabrón.

1 comentario:

Pequeña Saltamontes dijo...

Es verdad, importa más la calidad y no es simple romanticisimo.

Es una verdad que aprendes viviendo muchas mentiras.

Al menos tú tienes buenos recuerdos... yo prefiero fingir que olvidé.