domingo, 17 de junio de 2007
jueves, 14 de junio de 2007
Funeral para un amigo
Lo más trillado del mundo y sin embargo, nada mejor qué decir.
Cómo quisiera hacerlo; tantas veces lo he pensado.
Enterrar mi corazón y con el tiempo, sólo recordarlo de vez en cuando.
Llevarle flores, sonreír.
Sentir que fue el mejor.
Lo más grande que jamás había existido
y dejarlo ir;
pero a veces oigo un ruido.
A veces confundo cualquier tamborileo con su pulso
y me quedo quieto,
y pego la oreja al viento para ver si lo vuelvo a oír.
Nada.
A veces quisiera hacerlo
-es esta noche-.
Dejarlo en manos ajenas,
sepultarlo bajo sus pies y no volver a saber de él,
asfixiado,
aunque me ruegue salir.
Cómo quisiera hacerlo; tantas veces lo he pensado.
Enterrar mi corazón y con el tiempo, sólo recordarlo de vez en cuando.
Llevarle flores, sonreír.
Sentir que fue el mejor.
Lo más grande que jamás había existido
y dejarlo ir;
pero a veces oigo un ruido.
A veces confundo cualquier tamborileo con su pulso
y me quedo quieto,
y pego la oreja al viento para ver si lo vuelvo a oír.
Nada.
A veces quisiera hacerlo
-es esta noche-.
Dejarlo en manos ajenas,
sepultarlo bajo sus pies y no volver a saber de él,
asfixiado,
aunque me ruegue salir.
miércoles, 13 de junio de 2007
Es mi casa
Donde nada cambia. Donde soy igual, aún con el techo avejentado; donde puedo respirar el mismo aire acochambrado de memorias; una más, antes de partir... nomás por vivir.
domingo, 10 de junio de 2007
Uno más de nuevo
Onironauta
Un sueño lúcido es un sueño en el cual el soñador se da cuenta de estar soñando. Este tipo de sueño se puede dar de forma espontánea o bien ser inducido por determinadas prácticas y ejercicios.
A la persona que se autoinduce el sueño lúcido o lo tiene a menudo de forma espontánea se le conoce como onironauta.
Los soñadores más experimentados pueden llegar a controlar sus sueños casi a voluntad, dirigiendo el sueño y llevando a cabo sus deseos en los mismos. Entre las habilidades posibles para un soñador experimentado, están el poder cambiar el lugar donde se encuentra en el sueño, visitar sitios conocidos o imaginarios, volar, cambiar de forma, y cualquier cosa que se le ocurra durante el sueño. Los sueños lúcidos son notables por perdurar en la memoria, siendo excepcionalmente mejor recordados que los sueños típicos y no lúcidos (aunque también es posible no recordarlos). Los onironautas describen regularmente sus sueños como excitantes, fantásticos, llenos de color (se observan los colores mejor que en la misma realidad). Además, incluso han informado de sueños lúcidos que han tenido lugar en una especie de hiperrealidad, una realidad que se siente más real que el estado cotidiano de vigilia. En estos sueños todos los elementos del sueño están amplificados, por lo que a menudo comparan sus sueños con experiencias espirituales.
Al igual que los normales, los sueños lúcidos se producen durante la etapa REM del sueño.
Yo los tengo, desde siempre. No sabrìa cómo dormir sin poder controlar mis sueños. Esta noche, por ejemplo, jugaba basquetbol contra no sé quién; una pasión muy vieja. Podía hacer lo que quisiera. Encestar como quisiera, casi volar por la cancha. A veces me da risa porque sé que sólo estoy soñando y no es justo para mis oponentes; pero es divertido. Ganamos, je.
Ya desde chico tenía esta "habilidad"; el problema es que se descansa poco. Es como vivir una doble vida. Una donde todo es grandioso, donde todo es perfecto y se es feliz... y la otra cuando sueño.
No sabría cómo interpretar lo que he vivido desde siempre. Recuerdo varias cosas que ahora que lo pienso, no sé qué tan normales sean.
Desde chico me ha encantado pensar, deducir las cosas del mundo y creo que esto me ha ayudado a vivir lo que he vivido. Por ejemplo recuerdo varias cosas, entre ellas:
-Siempre tuve el sueño muy ligero. Basta con que alguien se acerque caminando a la puerta de mi cuarto para saber que me van a llamar -pues no me molestan en condiciones normales- y despierto al instante.
-Hay ocasiones en que -si duermo con alguien- siento, poco antes de que suceda, que la otra persona va a despertar; lo cual me hace despertar para preguntar què es lo que pasa o le molesta.
-Tengo pesadillas en extremo. Será porque ceno tarde, o porque descanso poco al dormir, o porque me doblé un brazo y eso me molesta, pero casi siempre tengo pesadillas; pero igual, en sueños lúcidos; lo cual me hace vivir las situaciones más extrañas y a veces quizá un poco enfermas. Como saber qué villano quiero ver y saber a quién va a matar y cómo, je. Me divierte.
-En una noche promedio puedo despertar hasta 20 veces. Esto se agrava cuando estoy muy cansado pero no tanto como para caer dormido sin saber qué pasa -lo cual sólo me ha ocurrido en contadas ocasiones-.
-Puedo estar soñando una cosa, despertar, ir al baño, tomar agua, y seguir soñando lo mismo al volver a voluntad. Donde sea que me haya quedado en la trama. Incluso antes de dormir, cualquier día, puedo pedir qué soñar. No siempre funciona, pero sí la mitad de las veces.
-He sentido la presencia de fantasmas o seres extraños a mi lado; cuando mi cuerpo está paralizado y puedo ver mi habitación entera pero sigo soñando. Esto es lo que puedo comparar con la Hiperrealidad. Si nunca han sentido esto, se los recomiendo. Gracias a Dios nunca he sido muy asustadizo pero déjenme decirles que las ocasiones en las que me ha tocado vivir esto siento una inmensa excitación. Sólo el saber que estoy soñando me mantiene sobrio en esas situaciones; pero les aseguro que cualquiera pudiera perder el control y jurar que lo que vio fue real y contarlo así por el resto de los días; muerto de miedo. Quizá lo fue.
En resumen. Les recomiendo un día vivan estas experiencias. Son de lo mejor. Cuando sientes que eres capaz de todo y te diviertes como niño dándole vuelo a la imaginación. Yo lo he vivido y es una de las razones -una de tantas- por las que vivir es maravilloso.
Esta noche te veré a ti. Quizá hasta en una pesadilla.
A la persona que se autoinduce el sueño lúcido o lo tiene a menudo de forma espontánea se le conoce como onironauta.
Los soñadores más experimentados pueden llegar a controlar sus sueños casi a voluntad, dirigiendo el sueño y llevando a cabo sus deseos en los mismos. Entre las habilidades posibles para un soñador experimentado, están el poder cambiar el lugar donde se encuentra en el sueño, visitar sitios conocidos o imaginarios, volar, cambiar de forma, y cualquier cosa que se le ocurra durante el sueño. Los sueños lúcidos son notables por perdurar en la memoria, siendo excepcionalmente mejor recordados que los sueños típicos y no lúcidos (aunque también es posible no recordarlos). Los onironautas describen regularmente sus sueños como excitantes, fantásticos, llenos de color (se observan los colores mejor que en la misma realidad). Además, incluso han informado de sueños lúcidos que han tenido lugar en una especie de hiperrealidad, una realidad que se siente más real que el estado cotidiano de vigilia. En estos sueños todos los elementos del sueño están amplificados, por lo que a menudo comparan sus sueños con experiencias espirituales.
Al igual que los normales, los sueños lúcidos se producen durante la etapa REM del sueño.
Yo los tengo, desde siempre. No sabrìa cómo dormir sin poder controlar mis sueños. Esta noche, por ejemplo, jugaba basquetbol contra no sé quién; una pasión muy vieja. Podía hacer lo que quisiera. Encestar como quisiera, casi volar por la cancha. A veces me da risa porque sé que sólo estoy soñando y no es justo para mis oponentes; pero es divertido. Ganamos, je.
Ya desde chico tenía esta "habilidad"; el problema es que se descansa poco. Es como vivir una doble vida. Una donde todo es grandioso, donde todo es perfecto y se es feliz... y la otra cuando sueño.
No sabría cómo interpretar lo que he vivido desde siempre. Recuerdo varias cosas que ahora que lo pienso, no sé qué tan normales sean.
Desde chico me ha encantado pensar, deducir las cosas del mundo y creo que esto me ha ayudado a vivir lo que he vivido. Por ejemplo recuerdo varias cosas, entre ellas:
-Siempre tuve el sueño muy ligero. Basta con que alguien se acerque caminando a la puerta de mi cuarto para saber que me van a llamar -pues no me molestan en condiciones normales- y despierto al instante.
-Hay ocasiones en que -si duermo con alguien- siento, poco antes de que suceda, que la otra persona va a despertar; lo cual me hace despertar para preguntar què es lo que pasa o le molesta.
-Tengo pesadillas en extremo. Será porque ceno tarde, o porque descanso poco al dormir, o porque me doblé un brazo y eso me molesta, pero casi siempre tengo pesadillas; pero igual, en sueños lúcidos; lo cual me hace vivir las situaciones más extrañas y a veces quizá un poco enfermas. Como saber qué villano quiero ver y saber a quién va a matar y cómo, je. Me divierte.
-En una noche promedio puedo despertar hasta 20 veces. Esto se agrava cuando estoy muy cansado pero no tanto como para caer dormido sin saber qué pasa -lo cual sólo me ha ocurrido en contadas ocasiones-.
-Puedo estar soñando una cosa, despertar, ir al baño, tomar agua, y seguir soñando lo mismo al volver a voluntad. Donde sea que me haya quedado en la trama. Incluso antes de dormir, cualquier día, puedo pedir qué soñar. No siempre funciona, pero sí la mitad de las veces.
-He sentido la presencia de fantasmas o seres extraños a mi lado; cuando mi cuerpo está paralizado y puedo ver mi habitación entera pero sigo soñando. Esto es lo que puedo comparar con la Hiperrealidad. Si nunca han sentido esto, se los recomiendo. Gracias a Dios nunca he sido muy asustadizo pero déjenme decirles que las ocasiones en las que me ha tocado vivir esto siento una inmensa excitación. Sólo el saber que estoy soñando me mantiene sobrio en esas situaciones; pero les aseguro que cualquiera pudiera perder el control y jurar que lo que vio fue real y contarlo así por el resto de los días; muerto de miedo. Quizá lo fue.
En resumen. Les recomiendo un día vivan estas experiencias. Son de lo mejor. Cuando sientes que eres capaz de todo y te diviertes como niño dándole vuelo a la imaginación. Yo lo he vivido y es una de las razones -una de tantas- por las que vivir es maravilloso.
Esta noche te veré a ti. Quizá hasta en una pesadilla.
viernes, 8 de junio de 2007
Aníbal Preciado
Así era Aníbal Preciado, obstinado; por eso cuando su esposa lo veía a los ojos fijamente, diciéndole que ese hijo que sostenía en sus brazos no era suyo, no dijo nada. Nomás se acomodó el sombrero, se acomodó los pensamientos, mirando lejos dentro de esa mirada negra de su esposa. Sentía cómo le corría el sudor por la espalda, como pedazos de hielo enchinándole la piel, congelándole los sentidos. Sólo uno le quedaba, ya parecía que se oía solito; nomás de puro pensar, de puro escuchar...
-Bien me acuerdo lo que dijiste, Aníbal, guardé entre las ropas esa manda por mucho tiempo, y Dios sabe que no quise sacarla, ni siquiera para enjugarme las lágrimas de tanto añorar. Muchos años la guardé, aquí, pegadita a las costillas, para no sentirla cerca de mis pechos caídos o mi fruto marchito; pero lo que el niño Aníbal dice, se cumple, y qué iba yo a hacer. Si hasta Dios te reniega cuando dices que va a llover y llueve, y saltan como chapulines por el campo todos los del pueblo y te agradecen a ti y hasta limosna te quieren dar en los domingos, pues saben que fuiste tú el que les dio de comer. Qué iba yo a hacer si cuando lo iba a parir ahí me tuviste con las piernas apretadas tres semanas más de lo que debía porque tú te ibas a cazar y no volvías hasta ya pasada la noche; y el niño no nacía pues Aníbal Preciado se acomodó el sombrero con la carabina al hombro para no saber; nomás dijo: "Mi hijo no nace"; y se fue hasta gastarse el alba en pequeños faroles por doquier. Y ahí estaba yo, cumpliendo esa manda, porque ésta ya era mía, pero no te dabas cuenta, Aníbal. Si tu hijo aún no nace es tu culpa porque aquella noche, aquella noche en que sentía que las brasas que alimenté por ti, por tu retoño, se me apagaban, se me iban con cada trago de agua y saliva de tantas ganas de crear y tan pocas esperanzas, me dijiste, me acuerdo clarito que me dijiste: "Yo no voy a tener hijos, ya estamos viejos, Carmen, ya no estamos pa esos trotes. Si quieres un hijo, pos a ver cómo le haces, porque lo que es yo; yo no los quiero". Y por años cargué con el peso de esas palabras, porque sabía se cumplirían y no miraba cómo era eso posible, no estaba en Dios; pero como siempre, Aníbal, hasta a Dios le das la contraria; así como cuando apostabas al cinco y te llenabas de dinero sin trabajar por él y yo pensaba que eras cosa del diablo y por eso no querías otro hijo por ahí, rondando, malviviendo, sintiendo cosas que no debíamos sentir; pero yo te amaba, y de los dos no podía salir cosa mala, por eso te pedí un hijo. Y entonces me encontré a Don Chumel y supe que era él; no sé si eran esos ojos azules que se me afiguraban al Señor o sólo ganas de prenderle fuego a mis entrañas, que tanto lo necesitaban; pero ahí estaba, mirándome a los ojos como me ves tú ahora, Aníbal, con esa bondad escurriéndose de lástima, con esa ternura que sólo se le tiene a quien más amor le podemos dar; sólo que ésta lástima de tus ojos es por ti, Aníbal, la que sientes de pronto por saber que siempre fuiste tú el dueño de tu destino y del de todos los que te amaban; no como el Chumel, que sólo vino a cumplirte tus caprichos con las palabras del Señor y los pantalones calientes; y por eso tu hijo no ha nacido, Aníbal, porque tú lo dijiste y hoy me empieza a preocupar que así lo hayas sentido y todo esto no fuera obra del diablo y Dios no esté tan lejos, y sólo haya sido un capricho tuyo y cada vez que te reflejes en los ojos nuevos y azules de Don Chumel, sepas que tuviste unos negros bien metidos en el alma que te daban todo porque los voltearas a ver, de eso sí tengo miedo..."
Aníbal nomás movía la cabeza de arriba para abajo, repitiendo en su mente cada palabra; regalándoles el sentido que antes no les habría podido ni prestar. Se guardaba las respuestas para al rato, cuando tuviera saliva, cuando pudiera sacar las lágrimas que le agotaban la mirada; entonces nomás agachaba la cabeza y veía a los ojitos tiernos del niño; tan inocente. Entonces dijo despuès de un rato:
-Sí los quiero.
-¿Qué?
-Que si los quiero, caray, y ya verás lo que es ser obstinado.
Cuando ella se quedó callada.
-Bien me acuerdo lo que dijiste, Aníbal, guardé entre las ropas esa manda por mucho tiempo, y Dios sabe que no quise sacarla, ni siquiera para enjugarme las lágrimas de tanto añorar. Muchos años la guardé, aquí, pegadita a las costillas, para no sentirla cerca de mis pechos caídos o mi fruto marchito; pero lo que el niño Aníbal dice, se cumple, y qué iba yo a hacer. Si hasta Dios te reniega cuando dices que va a llover y llueve, y saltan como chapulines por el campo todos los del pueblo y te agradecen a ti y hasta limosna te quieren dar en los domingos, pues saben que fuiste tú el que les dio de comer. Qué iba yo a hacer si cuando lo iba a parir ahí me tuviste con las piernas apretadas tres semanas más de lo que debía porque tú te ibas a cazar y no volvías hasta ya pasada la noche; y el niño no nacía pues Aníbal Preciado se acomodó el sombrero con la carabina al hombro para no saber; nomás dijo: "Mi hijo no nace"; y se fue hasta gastarse el alba en pequeños faroles por doquier. Y ahí estaba yo, cumpliendo esa manda, porque ésta ya era mía, pero no te dabas cuenta, Aníbal. Si tu hijo aún no nace es tu culpa porque aquella noche, aquella noche en que sentía que las brasas que alimenté por ti, por tu retoño, se me apagaban, se me iban con cada trago de agua y saliva de tantas ganas de crear y tan pocas esperanzas, me dijiste, me acuerdo clarito que me dijiste: "Yo no voy a tener hijos, ya estamos viejos, Carmen, ya no estamos pa esos trotes. Si quieres un hijo, pos a ver cómo le haces, porque lo que es yo; yo no los quiero". Y por años cargué con el peso de esas palabras, porque sabía se cumplirían y no miraba cómo era eso posible, no estaba en Dios; pero como siempre, Aníbal, hasta a Dios le das la contraria; así como cuando apostabas al cinco y te llenabas de dinero sin trabajar por él y yo pensaba que eras cosa del diablo y por eso no querías otro hijo por ahí, rondando, malviviendo, sintiendo cosas que no debíamos sentir; pero yo te amaba, y de los dos no podía salir cosa mala, por eso te pedí un hijo. Y entonces me encontré a Don Chumel y supe que era él; no sé si eran esos ojos azules que se me afiguraban al Señor o sólo ganas de prenderle fuego a mis entrañas, que tanto lo necesitaban; pero ahí estaba, mirándome a los ojos como me ves tú ahora, Aníbal, con esa bondad escurriéndose de lástima, con esa ternura que sólo se le tiene a quien más amor le podemos dar; sólo que ésta lástima de tus ojos es por ti, Aníbal, la que sientes de pronto por saber que siempre fuiste tú el dueño de tu destino y del de todos los que te amaban; no como el Chumel, que sólo vino a cumplirte tus caprichos con las palabras del Señor y los pantalones calientes; y por eso tu hijo no ha nacido, Aníbal, porque tú lo dijiste y hoy me empieza a preocupar que así lo hayas sentido y todo esto no fuera obra del diablo y Dios no esté tan lejos, y sólo haya sido un capricho tuyo y cada vez que te reflejes en los ojos nuevos y azules de Don Chumel, sepas que tuviste unos negros bien metidos en el alma que te daban todo porque los voltearas a ver, de eso sí tengo miedo..."
Aníbal nomás movía la cabeza de arriba para abajo, repitiendo en su mente cada palabra; regalándoles el sentido que antes no les habría podido ni prestar. Se guardaba las respuestas para al rato, cuando tuviera saliva, cuando pudiera sacar las lágrimas que le agotaban la mirada; entonces nomás agachaba la cabeza y veía a los ojitos tiernos del niño; tan inocente. Entonces dijo despuès de un rato:
-Sí los quiero.
-¿Qué?
-Que si los quiero, caray, y ya verás lo que es ser obstinado.
Cuando ella se quedó callada.
Chispas V
Cendal de luz, pequeño espacio,
menguando lo que queda tras la bruma,
queda el sol enmarañado en el albor,
en la mezcla de las nubes y la espuma.
Se derrama la luz en el paisaje;
por el agua un sauce astillado le hiere.
Se pinta de rojo el ocaso, rosa y púrpura,
y a tu faz regala un beso y muere.
Gracias, Bécquer.
menguando lo que queda tras la bruma,
queda el sol enmarañado en el albor,
en la mezcla de las nubes y la espuma.
Se derrama la luz en el paisaje;
por el agua un sauce astillado le hiere.
Se pinta de rojo el ocaso, rosa y púrpura,
y a tu faz regala un beso y muere.
Gracias, Bécquer.
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