miércoles, 26 de septiembre de 2007

Un día como hoy...

Un día como hoy, pero del 2006, empezaba una nueva etapa con mi padre.
Íbamos a trabajar juntos por vez primera.

Ya antes me había dicho que negocios entre familia eran duros, difíciles,
incluso peligrosos, pero la oportunidad era irresistible.
Había tres obras en Michoacán por un valor de dos millones de pesos
aseguradas para empezar, y yo iba a estar solo.
Mi padre se quedaba en Culiacán por su trabajo y la administración.

Él vivió para saberlas terminadas, aunque no alcanzó a verlas todas.
Sé que estaba orgulloso. Así como yo.
Aunque a veces no puedo evitar pensar en qué habría pasado
si nunca hubiera pasado.
Si él no hubiese aceptado, si yo no hubiese exigido,
quizá, él seguiría con vida.

Nunca lo sabré.

El 25 pidió mi ayuda.
El 26 partí.
El 27 trabajábamos juntos.
Un día como hoy se escribió esta historia.

Nunca lo olvidaré.

Feliz Cumpleaños, Mera

Recuerdo haber estado en una clase aburrida, buscando en la ventana algo que me contuviera los ojos abiertos. Recuerdo bien el hastío del tiempo congelado ante las prisas de unas vacaciones próximas o incluso recuerdo las veces que no quise estar con ciertas personas que ahora extraño. Recuerdo mil veces deseé que el tiempo se apurara y que esos apremiantes días previos se evaporaran con mis ansias y el momento tan esperado estuviera ahí, en mis manos para saborear. Lo hice tantas veces.

Ahora tengo 27 años y fueron tantas, que si recuerdo una milésima parte de ellos, gozo de una memoria excepcional. Y es ahora -aún a tiempo- que me pregunto si valió la pena.

La vida se va en un instante. No por años, sino por segundos. En una última mirada, en un último aliento, un último sueño. Así se va la gente, sin largas despedidas y lágrimas en los ojos. Sin avisar. A veces incluso, no lo notamos hasta que han pasado años y queremos continuar la charla con el espacio vacío que ahora los representa. Sobran las palabras y uno se atraganta; por eso el nudo.

No sé cuántos años han pasado, hice el esfuerzo y no lo pude recordar. Pero es grato saber que de vez en cuando, al voltear atrás, a ese espacio, y sigo charlando, alguien contesta; apura el paso y se viene a acomodar en su lugar. Se le ve distinta, aunque es la misma de siempre. Se le ve sonriente, con ganas de platicar. Sus palabras ya no son las mismas y sin embargo, su significado sigue siendo muy parecido. Entonces respiro hondo, aprieto los ojos, como queriendo despertar a la memoria y continuo donde me quedé. Sin decir gracias, como si fuera ayer y aún me quedaran las ropas. Sigo charlando con ella por años y ya no apuro el paso. Dejo a las frases en paz. Que surjan, que maduren solas, que se echen al sol y cambien de parecer, que evolucionen. Que pierdan su significado en una mirada o una sonrisa y que se conviertan en mil gracias, en te quiero, en nunca te voy a olvidar. Cómo hacerlo, si siempre que le hablo, ella vuelve a su lugar.

Feliz cumpleaños, Mera.
Nunca te voy a olvidar.
Gracias, de verdad, por todo.

Charlas con Dios VI

-Ya.
-¿Ya qué, hijo?
-Ya soy feliz.
-¿Ah, sí? Qué gusto.
-Gracias.
-¿Podrías decirme cómo lo lograste?
-No sé exactamente. Sólo sé que soy feliz con quienes me rodean.
-Muy bien.
-...
-...
-Esperabas que dijeras que gracias a ti, ¿verdad?
-Bueno... uno hace su mejor esfuerzo...
-Sabía que no podrías evitarlo...
-Es que...
-Está bien pues... me has ayudado. Lo sabes.
-Gracias.
-No necesitas decirlo.
-...
-...
-Ya.
-¿Ya qué?
-Ya soy feliz.

martes, 18 de septiembre de 2007

Hola, hola

Disculpen mi vocabulario poco refinado.
A veces encuentro bastante relajante el poder gritar
y aventar los cojines contra la pared
o cualquier niño que se atraviese.
En especial si está todo manchado de cosas;
pero bueno.

Habían sido días difíciles.
Sucede que a veces me siento mal por ser como soy,
precisamente porque a veces me gustaría ser más
como alguie quiere.
La verdad es que, sí puedo, un poquito,
complacer a los demás.
Muy poquito.
El resto ya no y peor aún,
no quiero.

Me gusta ser como soy.
Por raro, sangrón, grosero y demás que pueda ser.
No soportaría vivir una vida muy distinta...
el problema es que a veces vivir mi vida también es muy difícil.
¿Qué se hace?
¿Se busca la respuesta en Dios?

Jamás.

domingo, 2 de septiembre de 2007

Cursi Intensivo

Torva divina plegó níveas alas
lazando en cando excelsa belleza
cernida en silueta de una promesa:
Un ángel eximio imagen de Palas.

Idilio eterno relata aquel posar,
del estro simiente de la ventura,
que en alma lívida da la tintura
de un carmín flamígero al enamorar.

Devaneo a Morfeo, es definible
ninfa melíflua de soberbio dulzor
que dejo a mortal prodiga tan bella.

Sólo sé es casta etérea, inmarcesible,
una estampa armoniosa del amor.
Tan linda, pura, perfecta, tan... ella.



Gran admirador de Dante Alighieri... de ahí el Dolce Stil Novo-esque poema, jaja.
Por Dios... quiero conocer una así.

A casa

Tímido el corazón se salta un pequeño latido,
lo alarga, siempre más, cuando le ve llegar.
Cuando en esos ojos ve la luz que le faltaba,
cuando nace el día en oriente
y nos pesa tanto a cuestas
que la sombra busca refugio bajo cualquier cosa.

Pareciera que el sol -soñoliento- ha perdido un rayo.
Un halo que le cubre al viento hasta el último cabello
y que apurado sólo busca tras las nubes,
entre nardos y estelas de agua, el resplandor.
Empero, es nacido de sus ojos,
y en cada rincón se le derrama.

Es entonces que, como en el cielo las estrellas,
se ilumina en partes mi conciencia.

El mar detiene una ola.
El ocaso le consume y llora.
Se han bordado las holandas de sal.

La vieja carcacha ronronea.
Escupe filones de carbón humo,
de oro.
La oscuridad de noche se adelanta.

Sentirse en ti es tan sencillo.
Un gato te brinca al regazo.
La charla terminó
y es sólo que empieza la mirada.

Un alto fuego se adelanta,
me cierra el paso,
no me deja pensar.
Un beso encendió la fogata
y en equívoco
mi corazón.

Despertar,
un niño se asoma a la baranda,
salta y la luna le posee en júbilo.
Es el mundo que trae de cabeza.

Empiezo el verso
-uno invisible-
así cuando lees
no hay nada más.

De pronto el amanecer me viene rojo
en un parpadear titilante
y la distancia empieza a tomar forma.
Sobrecogido al romper el misterio tan hondo silencio,
veo cómo, con los ojos entornados, ahítos de sí,
arrastrando ahora una erosión de aguas,
-ay, señor, que me lleve completo-
la verdad es desilusión;
de saber que la esperada visita a lontananza,
el esperado suceso de ti,
se trasfigura de hito en hito,
abriendo la neblina y revelando algo más
-acaso inesperado-...

Eres sólo un sueño
y quizá es hora,
sí, ya es hora,
de que vuelva a casa.

Chispas XIII -primera letra-

Tácito; Embebido Amanuense.
Mansalva, Obviada Cuita Rosada.
Ínfima Solitud.
Talantes Ilumínense,
Núbiles, Azoradas.

2001