lunes, 28 de junio de 2010

Ola criminal 1

Sres. Ayer por la tarde aprox. 7:15 de estuve a punto de ser asaltado por unos delincuentes que se encontraban dentro del primer estacionamiento en un Tsuru color azul grisáceo oscuro con cristales polarizados, el cual se encontraba estacionado con cuatro individuos a bordo. Por fortuna al momento de bajarse uno de los tipos para ir hacia mi apareció uno de los guardias, se regreso el tipo se subió de nuevo y continuaron la marcha a toda velocidad.

Atte. Gerardo Arredondo.

EL POR QUÉ DE LAS TRAGEDIAS GRIEGAS

-Oh, magnánimo Licio, el de los buenos ojos, hijo de Eptalión, el del ojo veloz, aquel que imberbe aún, peleó las más atroces de las guerras con un solo ojo, y que siendo arquero siempre fue más que los otros en tal arte aún a pesar de confundir en su mirada las distancias mas no en su temple de cobre y cuero, quien mató a la Élgida, la más terrible de las bestias, con un solo tiro que acertó en una de sus bicéfalas carnosidades, y de Halicia, la de la H errabunda y mejillas sonrosadas, cuya belleza era sólo comparable con la de Afrodita, encarnación de la belleza, quien en un soplo le dio vida para en un resoplo referírsela pues al crecer Halicia, la de la H errabunda y mejillas sonrosadas, empezó a suscitar rumores de divinidad y así, cantos de sin igual hermosura y aún así, indignos de aquella deiforme apariencia de la que Halicia, la de la H errabunda y mejillas sonrosadas, gozaba pues, acrecentándole el verde de la cara a la mismísima Afrodita, encarnación de la belleza, que llorosa fue y posada a los pies del magnánimo Zeus, el que todo lo puede, rogara se le permitiera aconsejarle falsamente a Eptalión, el del ojo veloz, que dejara a Halicia, la de la H errabunda y mejillas sonrosadas, puesto tenía quereres con Ucísife, el de sandalias grandes, esto investida de Hécube, la reina virgen, a quien Eptalión, el del ojo veloz, tanto admiraba, así, provocando tu desgracia, Licio, el de los buenos ojos, creciendo con un padre dolido y una madre desterrada, oh, excelso amigo y compañero, ¿podrías, sí podrías hacerte a un lado? Que se acerca un carro…

Ehm…

¡Oh, aciago el día en que te perdí, oh, Licio, el de los buenos ojos, excelso amigo y compañero! ¡Sobrino de…

lunes, 14 de junio de 2010

Chispas 2010

Una lágrima en vilo besa
la paz de tu mejilla ignota.
Se embota, se tambalea,
por tu cadera cae una gota
y es derramar de belleza.

miércoles, 9 de junio de 2010

Baby Ruth's

Soñaba con el ruido, las ansias, el sentido entumido de pasión, el vocablo universal del aire poseyendo las tribunas en un sonido irregular y omnipotente, la cumbia, la salsa, el lancero, el son. Soñaba con la atmósfera inasible del primer momento, el único, el relato corto de nuestras vidas… Somebody better put you back into your place… sing it… we will, we will rock you… El fingido desdén del héroe sentado entre sus fieles, sus aprendices, el deber del Prometo, el fatal sino del Ícaro, la lucha, el poder, el dolor de ser sometido, un tarareo, el mambo, la nostalgia del doo wop, el bebop, el rock, una sonata de gargantas hiladas por el titiritero de nuestras verdades únicas y compartidas, la banda, el mariachi, las cornetas y sus semi-melodías, sus semi-valentías, las porras, el entusiasmo desbordado del acierto, el pudor incierto del desatino, los ah’s, los oh’s, los bravos, let’s go, Atta boy, el ruido sinfónico, el ruido daltónico, de tres colores, azul, rojo, blanco… Pretty woman, walking down the street… Arremángala, arrempújala… el esdrújulo, el bicéfalo, el ying, el yang, ganar o perder, la historia resumida en dos palabras, la filosofía universal en dos palabras… en una… Soñaba con ella: La de sonrisa inerme y ganas de batear, la gorra que estorba, el guante que va y se desmaya a los costados si te descuidas, la que batea al revés, la que se queja, la que brinca de emoción, la que lleva porra, la que siente sola, la que maldice a los ocho vientos … la que corre y se cae en levante… la que se esconde en cierzo… la que pide a Dios por mistral… la que se arrodilla ante simún… la que cacha con el pecho en el monzón… la que cuenta sus moretes en el ábrego… la que olvidó a siroco… el que olvidé yo… la banca y su corazón, la sístole, la diástole, el empujón, la vuelta a casa después de esa batalla de tres golpes, tres estocadas, tres más y tres más y tres más… Me dicen la baby ruth me están buscando… en la caja de bat las estoy esperando… la fe ciega de la porra, su religión, su iglesia, su templo, su pecado original: haber nacido Baby… lo insípido de lo sencillo, lo banal, lo pequeño, el manjar de lo harto difícil, lo complicado, lo imposible… Pipiripiripí… El absurdo del error, la comedia de Benny Hill, la persecución de Khachaturian, el sable, y luego las risas, siempre las risas, abarcándolo todo hasta el derecho, el central, el izquierdo, el diamante de la mujer, la reina del campo, la princesa del cuento de hadas, la mujer de mi sueño, el despertar… la vuelta a casa.

Soñaba este mundo era de los buenos, de los puro corazón y al final del cuento, el malo quedaba bañado en lodo y pasteles de crema. Soñaba que las lágrimas y los raspones se iban con un beso de mamá y que a las niñas hermosas y traviesas, sólo las regañan y las mandan a su cuarto cuando hacen mal; sólo para escapar por la ventana y al árbol de nuevo, a encontrar una aventura. Soñaba volvían a casa con la frente en alto después de la derrota y jugaban a vengarse en mil maneras la siguiente vez que se encontraran… desde Navolato vengo dicen… Un respiro hondo y a volver empezar… nada más por jugar.

miércoles, 2 de junio de 2010

Missing this

Estoy cansado. Alguna vez lo susurré en el oído de Karelina antes; después, apenas el murmullo de su boca, tratando de alejar mi vista de las alucinaciones de la mañana. Cuando sientes que está bien no despertar por una hora más e inventar cualquier excusa para no llegar; pero estoy muy cansado ya. Juego a que pierde la cabeza en el resplandor del espejo que sostiene entre sus dedos. Se lo arrebato y lo sabía. La envidia es uno de mi mayores placeres cuando es fabricada. Se disfruta más el juego entre las manos.
-¿Y si perdieras la cabeza correrías en círculos antes de caer en la oficina de Murillo?
-Ja ja, como gallina.
-La cabeza por él ya la perdiste. Que se quede con el resto.
-Muy chistoso.
El chisporroteo de esquirlas por el suelo veía su cabeza desparramarse en pedacitos por el suelo. La cara sorprendida de Karelina me hace decir inevitablemente:
-¿Qué? ¿Nunca habías visto un espejo quebrarse?
-Hey, tú- me dice Silvia-. ¿A eso vienes?
-Y a verte.
Me dirijo a Karelina:
-Está padre -viendo los pequeños diamantes por el suelo-. Se ve más bonito así, ¿no? Por un minuto, sentí que fue tu corazón el que fue y se metió bajo el lugar de Sergio en pedacitos.
No me dice nada.
Tengo mis ratos de lucidez. Cuando la mañana es vieja. Se evapora el sopor y se exhala en un vaivén de aburrimiento. Es entonces que me muevo en la silla como esperando todo mundo sepa lo que está por pasar. Como a veces cuando llega mi jefa y escudriña por los rincones para ver cómo se le da forma a la nada. No había notado que una gota de sangre había llegado a mi camisa. Hay que tener cuidado, la mañana es muy joven y el sopor se envuelve desde los tobillo. Podría tallarme los ojos y esas malditas esquirlas.
-No te preocupes, yo me encargo-. Le digo sin prisas.
Entonces vuelvo con un batallón de limpieza. Karelina no ha dicho una sola palabra. Sólo mueve la cabeza en tono de ironía, pero sé que no es eso. Más bien debe estar observando lo curioso de mi apuro por limpiar algo que no limpiaré yo. Mejor me voy, es tarde. Karelina no dirá una sola palabra.
-Bueno días. ¿Cómo estás?
Carmen es más segura en estos momentos. Entonces sí puedo hablar. Saco el dedo lastimado, se lo muestro y le digo en tonto auto condescendiente:
-Me corté.
-¿Fuiste tú?
Después, los aspavientos, interpreto mi parte y me siento a ver el resto. Me dejo abrazar. Recito sus palabras una tras otra, como si tuviese que aprenderlas para cuando las necesitara. Me tallo los ojos y apenas recuerdo lo que dije antes.
-Buenos días. ¿Cómo estás?
-Bien. Estábamos hablando de ti. ¿Verdad, Sol?
-¿Ah, sí? –le digo inevitablemente.
Sol nos presta atención por un segundo, lanza esa mirada de siempre y se va.
-Lo que le importó.
-Es que tengo trabajo- se escucha desde atrás de la mampara.
-¿Quién la necesita, no?
-Ja ja, grosero.
-Grosero sería decirle a su marido que me traiga una de esas muchachitas con foquito en la frente de la India. ¿Será para el control remoto?
-Ja ja, ponle uno a…
-¡Ya sé!
-Ja ja.
Vuelvo a mi lugar. La historia ha quedado para después. El monitor, la música, un correo. Sonrío. Mientras escribo noto quién está en su lugar. Son las diez y no recuerdo si falta alguien. Liz se ha peinado como me gusta. Aún así, ni siquiera recuerdo cuál era su cabello antes.
Alheida.
Respiro hondo. Podría no respirar jamás sólo por esa paz justo cuando te quedas sin aire. Respiro en un estertor y Héctor voltea a ver qué sucede. No dice nada. Ha pasado mucho tiempo desde que dijo algo y mucho más desde que lo escuché. “You’re in the arms of the angel, may you find some comfort here”. Siento un roce en mi espalda. Para cuando me quito los audífonos la charla ha terminado. Era Dulce. Sólo sonrío y asiento con la cabeza. Parece contenta. Dejo las cosas así. “Doesn’t mean much, doesn’t mean anything at all”.
Me hundo en mi lugar. Me pongo los audífonos y el mundo desaparece en el tarareo de mil canciones. Todos son sólo imágenes que no me preocupo en medir el tiempo que pasa en olvidar. Mi jefa, Heri, alguna conocida.
Alheida. Con que así luces hoy.
Quisiera fueran las cuatro ya. Las dos horas posteriores se van en un suspiro.

viernes, 14 de mayo de 2010

blahblah

¿Adónde vas, mujer?
Son andariego, que en tus pasos descalzos me fulminas.
Eres la prosa noctámbula,
carboncillo ensimismado de ondas fugaces
que en un trino de cristal níveo versa lo que me pecho disimula.
Que es tiempo de sequía,
que las nubes estivales del glaciar nimbado entre los cielos
se marchita pues se apagan hoy tus pasos; se apartan tus caminos.
Se alejan, agreste corcel de finas ataduras.
No has cambiado un instante y te sientes tan distinta.
Tan ida, tan perdida, con el suave estertor del olvido rondándote los pasos.
Y yo quedo aquí. Tan yo, tan mío.
Sitiado en mi epidermis.
Deseando ese azul tan de los cielos no transmute,
no se gaste tantas veces a un cetrino atardecer.
Yo silente, con el pecho acongojado de ecos y madreselvas viejas
apretadas al corazón. Enredadas en el alma.
Contando mis latidos en tus pasos,
secos, distantes, apagados,
hoy que te has ido.

Bécquer

Al andar, desconocidos, preguntaba:
¿Por qué al acercarme te alejas?
¿Por qué con el puño cerrado te recibo yo?

Al pasar de los años te has perdido y aún pregunto:
¿Será que te alejaba con mi gesto?
Si en este puño cerrado,
mi corazón te llevaba yo.