jueves, 10 de mayo de 2007

Felicidades, madres

Felicidades, mamá, felicidades, hermana, felicidades, amiga, felicidades, tía, felicidades, abuelita. Felicidades a todas las madres que están o estuvieron con nosotros :) gracias por todo.

¿Qué más puedo decir que no se haya dicho? ¿Juliturpetifwengbergershoplulyqamxuviñuti? Algo así...

miércoles, 9 de mayo de 2007

Había una edad


Había una edad donde todo era fácil, siempre decimos. Donde no había preocupaciones, estrés, corazones rotos y todo se curaba con un beso de mámá. Todo era aprender y divertirnos. Sentir, vivir, hacer lo que nos fascinaba todos los días. Estoy de acuerdo. Pero también recuerdo un pequeño detalle que no todos comentan. Recuerdo que no encontraba las galletas, o no las alcanzaba, recuerdo que llegaba la noche y tenía que volver a casa sin importar cuán divertido estaba. Recuerdo que todo dolía como nuevo y lo único que podía hacer era sentarme a llorar. Como cuando mi padre se iba o mi mamá me dejaba en algún lugar. Recuerdo que había un monstruo bajo mi cama y lo peor del mundo era la oscuridad. Bien recuerdo estar en un lugar extraño, con gente extraña, queriendo volver a casa, y ver a mi madre y mi padre divertidos, repitiendo una y otra vez que nos iríamos en un rato. Recuerdo odiar la escuela y tener que ir a ella todos los días de mi vida hasta ser adulto.

Ahora, puedo comprar las galletas que quiera, cuando quiera y comerlas a montones, hasta que se me hinche la panza. Ahora puedo no volver a casa en meses, sin importar la noche, y todo está bien. Ahora tengo más experiencia y ya no lloro cuando mi perro muere o mamá me deja solo o cuando extraño a papá. No le temo a la oscuridad y si hay alguien bajo la cama nomás le doy con mi bate de aluminio en la cabeza. No tengo por qué ir a la escuela si no quiero y al final del día, cuando estoy cansado, aburrido o con ganas de sentirme bien, lo único que tengo que hacer es volver a casa.

Ser niño es maravilloso, ser adulto lo es. Ser.

Encuentro que no entiendo a la gente que dice que no quisiera volver a ser niña otra vez. ¿Por qué no? Deseamos escuchar las mismas canciones toda la vida. Deseamos vestir de nuestro color favorito por siempre. Deseamos encontrar el amor en alguien que comparta su vida con la nuestra por la eternidad. ¿Por qué no ser niño de nuevo? ¿Por qué no recordar o incluso volver a empezar?

Quizá sea imposible. Quizá nunca vuelva a suceder; pero cada noche, cuando estoy en casa y tengo ganas de dormir, cierro los ojos muy fuerte y pido despertar al día siguiente y ser niño de nuevo, aunque sea por un día, para sentir todo nuevo, para sentir que he vuelto a empezar. Correr a la cama de mis padres y meterme entre sus sábanas, ver cuán grande es mi padre y cuánto quiero a mi mamá, salir a jugar todo el día, para volver antes de que oscurezca y no quiera entrar al cuarto a encontrar algo que me asuste. Ojalá sucediera de vez en cuando, en ésta o la vida siguiente, no por traumas o miedos, no por ganas de renunciar; por placer. Que si me compro galletas para disfrutar, quizá sólo quiero volver a ser niño para volverte a encontrar.

martes, 8 de mayo de 2007

Otoñal

Qué silencio que me llena, tan plagado de ortigas,
que en una espina despierta y en otra al hablar suspira.

Cuando los bosques de aquella pasión postrera
bruñen los oros en el recuerdo
de aquel valle primaveral que viste,
ay, tan triste,
su ropaje de entierro.


Para ti.

Capítulo 7


Respiras profundo sobre mi almohada. Viaja con mis dedos el secreto que te cuento en el roce de tu piel. Sonríes. Así haces cuando juegas a dormir, cuando jugamos a decirnos las cosas a medias para luego gritarlo a voces cuando estamos a solas, como esta vez. Beso tus labios, apenas lo justo para sentir el chispazo cuántico de nuestras cargas al unirse en el vacío. Cargas melancólicas, cargas que recorren el canal de tu espalda y afinan los acordes de tus vellos crispados. Una canción que conocemos. No hace falta encender la luz, bastan tus ojos. Carbúnculos en fuego verde, ardor de luna ensimismada y en ellos yo, entre esquirlas de una efigie rota por tu cuerpo.

Te digo un secreto: Un roce de piel, un beso. Cuando por mirar tu cuerpo detenidamente se escucha a tientas el terso clamor del murmullo bajando por tus cuestas. La tenue voz del sentimiento encendido y así contenido por un rencor de palabras en desuso. Celosas, posesivas, palabras de lo ordinario que mueren justo ahí; en el milagro de tus senos. Cuando jadeas inocente porque encontré una nueva sensación que todo lo convierte y me miras de reojo, en el suspiro de un nocturno fabricado detrás de las cortinas. Cuando juegas a ser noche y te pierdes por doquier y juegas a dormir mientras te escondes y te vistes de sábanas blancas, abrazos, te disfrazas de calor y cansancio. Cerrando los ojos muy fuerte, trayendo un tumulto de emociones al crisol de tu sílaba exquisita: sí. Moriría de ser otra. Moriría de no encontrar tus labios al final. Cuando agotadas las ansias sólo escucho respiras profundo en mi almohada y sigo el murmullo, el clamor, la voz de los secretos contados por tu piel y nos fundimos en un beso. En ese chispazo eléctrico que nos une en el espacio cuántico de nuestra existencia. Un instante nada más, por lo infinito.


Tuyo Jess.

lunes, 7 de mayo de 2007

¡Felicidades, Mitzi!

"Te vi pasar, te felicité, te pregunté si harías algo, dijste no... pregunté si no harías nada... dijiste no. Pregunté si no tenías planes de nada nada hoy... Dijiste una vez más... no. Te pregunté si querías ir a cenar conmigo... dijiste tengo planes.

Ahora, quizá sea yo, pero eso pregunté. Quizá sólo intentabas decir... No tengo ningún plan al que te pueda invitar. Entiendo.

Felicidades, que cumplas muchos más y espero un día de estos tengas planes conmigo. Besos."

Cumple 27 añotes.

domingo, 6 de mayo de 2007

Amanecer

Callado, beso anhelante,
escrutando en tu vacío,
bullendo este latir mío
mas congelando al instante.

Eres de mis sueños dama,
como la bruñida estrella
que carcome el cielo en ella
y en fulgor se le derrama.

Toda tú formas mi espacio
y no eres más que un suspiro
que va llenando el empíreo
y ya eres día... despacio.

sábado, 5 de mayo de 2007

Es el calor

Siempre hay sol por estos lugares, uno se ve entre las cejas apretadas y apura las palabras como queriendo hallarles sombra. Los días son largos cuando se trabaja bajo él, no se apura el paso. Ni se intenta. La vida pasa lentamente, como guardándose los momentos para cuando se vuelve a casa a tirarse entre la sombra, hasta que podemos ver en la oscuridad y caer dormidos.

-Que encontraron otro muerto -dice uno de los albañiles entre sonrisas pícaras.
-Sí, dicen que andaba con los del Chapo - contesta otro experto en el tema. Luego suelta una retahíla que no se acaba hasta que estallan todos en carcajadas.

Acá no se respeta a la muerte, sino a los que la traen en carretadas.

Han pasado cinco horas ya, los trabajadores están comiendo a la misma hora de cada día. Puntualidad suiza. Apenas es medio día.

-Qué maldito calor, Antonio -le digo a mi amigo de siempre.
-¿Qué? -me dice apretando las cejas, como todos. Como si se agudizara el oído cuando uno se seca las gotas de sudor entre ellas.
-Que qué maldito calor.
-El peor.
-Será por eso que el diablo encontró vecindad por estos lares -le digo poniendo cara crítica. Siempre sé cuando me entiende.
-Ya no nos asusta, ¿verdad?
-Otro muerto y la ciudad sigue creciendo como si se fuera a mudar China.
-Sí, estamos como locos. No saben que el dinero es del que ya lo tiene.
-¿No nos estarán vendiendo sacos de coca en vez de cal?

Suelta la risa. No hay más que decir por estos lugares, el calor nos amansa, nos vuelve tontos. Cualquiera hubiera corrido a buscar otro espacio pero somos demasiado culichis. Nos ponemos el sombrero y nos vamos a la disco, nos bajamos de un BMW y la mitad apenas si oyó hablar de Alemania. Hitler, guerra mundial... futbol.

Allá viene el Chema. Seguro se ha enterado de algo más. Los albañiles se preparan para trabajar de nuevo, recelosos, se ven unos a otros como preparándose para oír las malas nuevas. Ni tan malas. Nos dará de qué hablar. En este sol ya nadie inventa plática, sólo nos queda hacer el trabajo y hablar de otros, aunque ya no estén.

-Era un gatillero -dice.

Se desvanece rápido el interés. Pienso en qué buenos trabajadores tengo, pero sé que no es eso. Ellos son los malos a fin de cuentas, los que matan. Uno menos, qué mejor. Pero no se acuerdan de que son hijos de alguien, que no conocen de otra vida. Que desde chiquitos había dos opciones, ser el que manda o el que obedece. Porque hasta los gatilleros mandan, al campesino, al que pide prestado, al que les tiene miedo porque su familia es primero. Y habemos unos filósofos que pensamos que el mal está mal y que nos podrán doblar las manos pero jamás el espíritu. Que debemos estudiar y salir adelante a la buena... Y nunca han tenido una pistola en la nuca o encontrado a su hijo muerto en un canal vecino. Ellos son los malos.

Son las 2 de la tarde y ya no se aguanta el sol. De súbito todos somos máquinas y por instinto terminamos el trabajo. Las palabras se evaporan apenas se asoman a la lengua. Una ampolla, dos, y la garganta llena de tierra. Ya hasta las lágrimas saben a gloria en los labios resecos y no nos acordamos de que la vida es bella y hacemos esto para volver a casa satisfechos de criar hijos.

-Buen trabajo, Luis -me dice mi amigo de siempre, mientras levanta el polvo de mi hombro en una palmada, para quitarse el sombrero y sentarse donde sea.
-Ya casi.

E inevitablemente le pregunto:

-Total... ¿quién era?
-No sé, ya sabes cómo son estos cabrones, la mitad es mentira y la otra mitad son las viejas con las que se acuestan.
-La otra mentira.
-Ojalá se acuesten con todas las que dicen, por su diversión.

El polvo se mete entre todas las rendijas y uno ansía respirar aire de verdad, no el lodo que nos queda.

-¿Qué dice el Chema? -sigo.
-No sé, que era hijo de alguien.
-Describió a unos cuantos.
-De alguien conocido pues.
-Son más de cien albañiles, alguien lo iba a conocer.
-Falta uno para entrar en el promedio.
-Por ahi debe de andar, nomás espérate.

De pronto se hace un barullo, el viento empieza a soplar y el remolino de polvo es de los albañiles que se empiezan a reunir, amontonados. La vida en cámara lenta.

-El segundo.

Llegamos hasta donde están todos y vemos al Chema corriendo y gritando como desesperado. Todos sabemos lo que acaba de pasar. Nos guardamos la mirada. No me atrevería a ver al padre a los ojos, ¿porque después qué? Quizá hasta tuviera que abrazarlo y pasarme la noche en el velorio ¿Y si la matanza aún no acaba? Dios guarde.

Maldito calor, todo pasa más lento, ahí viene el Chema y no se acerca. Una gota de sudor, dos, tres, ya son arroyos por las caras. Me mezclo entre todos y no se distinguen caras entre la tierra. Nadie platica, será que se evaporan las palabras o los pésames no se dan por anticipado. Apúrate, Chema, que me derrito.

-Es el niño... es tu hijo, José... -dice al fin-. ¡Es el Juanchito!

Se deshace rápido la bola. Allá van corriendo con José unos cuantos que son sus amigos. Yo lo conozco sólo un poco. Es buena persona, ya está grande, tiene varios hijos con qué reponer al que se le ha ido. Nadie se molesta en hablarle a la policía. Los trabajadores agarran sus herramientas y las guardan en sus morrales. Se alejan en grupos de tres, de cinco. Platican de narcos y balaceras. Cuentan los muertos que les ha tocado sobrevivir y familiares perdidos. Lo último que escucho es una carcajada.

Antonio me ve a lo lejos, sentado con su sombrero en las manos. La desgracia se le escurre por los ánimos idos.

-Otro, caray.
-Mañana terminamos.
-Sí, ya veremos.

Es el maldito calor, nos amansa, nos tiene como locos. Me pongo el sombrero y me subo al auto. Es hora de ir a casa, en 30 años será toda mía. Me encojo en hombros. Que Dios nos tenga en su santa gloria.


Para mi amado Culiacán.