domingo, 2 de septiembre de 2007

Cursi Intensivo

Torva divina plegó níveas alas
lazando en cando excelsa belleza
cernida en silueta de una promesa:
Un ángel eximio imagen de Palas.

Idilio eterno relata aquel posar,
del estro simiente de la ventura,
que en alma lívida da la tintura
de un carmín flamígero al enamorar.

Devaneo a Morfeo, es definible
ninfa melíflua de soberbio dulzor
que dejo a mortal prodiga tan bella.

Sólo sé es casta etérea, inmarcesible,
una estampa armoniosa del amor.
Tan linda, pura, perfecta, tan... ella.



Gran admirador de Dante Alighieri... de ahí el Dolce Stil Novo-esque poema, jaja.
Por Dios... quiero conocer una así.

A casa

Tímido el corazón se salta un pequeño latido,
lo alarga, siempre más, cuando le ve llegar.
Cuando en esos ojos ve la luz que le faltaba,
cuando nace el día en oriente
y nos pesa tanto a cuestas
que la sombra busca refugio bajo cualquier cosa.

Pareciera que el sol -soñoliento- ha perdido un rayo.
Un halo que le cubre al viento hasta el último cabello
y que apurado sólo busca tras las nubes,
entre nardos y estelas de agua, el resplandor.
Empero, es nacido de sus ojos,
y en cada rincón se le derrama.

Es entonces que, como en el cielo las estrellas,
se ilumina en partes mi conciencia.

El mar detiene una ola.
El ocaso le consume y llora.
Se han bordado las holandas de sal.

La vieja carcacha ronronea.
Escupe filones de carbón humo,
de oro.
La oscuridad de noche se adelanta.

Sentirse en ti es tan sencillo.
Un gato te brinca al regazo.
La charla terminó
y es sólo que empieza la mirada.

Un alto fuego se adelanta,
me cierra el paso,
no me deja pensar.
Un beso encendió la fogata
y en equívoco
mi corazón.

Despertar,
un niño se asoma a la baranda,
salta y la luna le posee en júbilo.
Es el mundo que trae de cabeza.

Empiezo el verso
-uno invisible-
así cuando lees
no hay nada más.

De pronto el amanecer me viene rojo
en un parpadear titilante
y la distancia empieza a tomar forma.
Sobrecogido al romper el misterio tan hondo silencio,
veo cómo, con los ojos entornados, ahítos de sí,
arrastrando ahora una erosión de aguas,
-ay, señor, que me lleve completo-
la verdad es desilusión;
de saber que la esperada visita a lontananza,
el esperado suceso de ti,
se trasfigura de hito en hito,
abriendo la neblina y revelando algo más
-acaso inesperado-...

Eres sólo un sueño
y quizá es hora,
sí, ya es hora,
de que vuelva a casa.

Chispas XIII -primera letra-

Tácito; Embebido Amanuense.
Mansalva, Obviada Cuita Rosada.
Ínfima Solitud.
Talantes Ilumínense,
Núbiles, Azoradas.

2001

Paz-mado

1. Tú y yo.

Dios platónico.
Tierno frenesí en el letargo
de un adiós recóndito.

Soneta, we

La tarde prendada de aquel suspiro,
que tímida de versos se valía,
lleva en él un boceto de alma mía.
Lleva la paz, soledad de retiro.

Ansia callada de amar que enternece
su rúbrica le presta lacerante,
en un labio de besos anhelante.
En esta noche en que su historia crece.

Mas la luna le borda en claroscuro
y en la espina dormida es que le hiere.
En ardor de estrella, en fulgor puro,
En agua de cristal de lago. Despacio
te da vida y palabra si aun te quiere
y vuelves a ser tierra y firme espacio.

A otra visión

Si mis ojos bienamados te tuvieran
descansando en un destello por regazo,
tanto amor les fuera la vida al paso
que por faz la tierra entera te tendieran.

Gotearían su beldad en tu presencia
-so pena y soledad en triste acaso-
y como al aire el sueño del parnaso,
soñarían tu recuerdo en reverencia.

Si mis ojos fueran tan aventurados
viendo el átono cantar de los escombros,
herbosos en musgo de reminiscencia,
besarían tu faz entera y sus reflejos,
regados por el campo, ilusionados,
tendidos al candor de tu presencia.

Y si...

-¿Y si se muere, tú?
-De morir, misa, Jacinto... de morir, misa.