miércoles, 16 de enero de 2008

A un paso

A un paso nada más de odiar a las mujeres.

Es cierto que hay mucho macho en el mundo. Mucho cabrón golpeador que abusa de la mujer y se siente poderoso. Aunque sea sutilmente. Yo nunca fui de esos.

Yo me esfuerzo al máximo siempre por ser la mejor persona que puedo; incluso era ella quien decía que a veces peco de "bueno". De pendejo pues.

No soy perfecto y ella dice que no importa, que jamás querría que cambiara. Creo que nunca importó más que hoy. No podía ser sarcástico, no podía tener humor negro, no podía ser grosero (aunque fuera broma), no podía enojarme.

Me caen mal las mujeres que pueden ser tan egoístas, que si las cosas no son como ellas quieren, no son, y cualquier cosa que el hombre no sea capaz de hacer por ellas, es por falta de amor. Qué tontería. Lo peor de todo, es que parece que no se dan cuenta.

No puedo pensar en nada que quisiera que ella cambiara, excepto, el quejarse a todas horas de mí. Hoy fueron cuatro cosas en cinco minutos, y puse mi cara de hastío, lo siento, perdí la paciencia... y me mandó a la chingada. Qué lindo se siente eso. Ser perfecto, o perderlo todo.

Ésa es la verdad. Le deseo lo mejor, pero no querría quedarme a sentirme mal po haber vivido de una forma distinta a ella. Soy una excelente persona y quisiera retar a cualquiera para que lo constatara. Por Dios, sueño con ese día...

domingo, 9 de diciembre de 2007

lunes, 3 de diciembre de 2007

Miedo

Tengo miedo de no conquistarla.
De no ser todo lo que ella desea... y más.
Tengo miedo de verla marcharse.

Extrañaba estar enamorado.
Extrañaba sentirme así.
Feliz sólo de verle...
temeroso de no verla más.

A sus pies.

viernes, 30 de noviembre de 2007

¿Descartes?

"Te pienso... luego existo".

lunes, 26 de noviembre de 2007

Anabel

La vi un domingo.
La conocí un miércoles.
Salimos un sábado.

Hoy espero con ansias el mañana.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Mi crianza

“Tantas veces le vi. Primero desde abajo, resguardado entre holanes y barricadas de algodón. Sus dos besos de carmín prendados de las mejillas y mis actos maniatados por un pensamiento tenue. Ideas hiladas entre mis nuevos cabellos. Así, como cabellos, deleznables en sus manos, el pensamiento. Después desde arriba. Como queriendo arrancarlos de raíz. Supurando el aliento. Respirando un amor cetrino hasta caer dormido".