lunes, 2 de julio de 2007

¿Es tan difícil?

Conoces a alguien, es hermosa, un chispazo desata una química jamás sentida, vives, te enamoras, lo confiesas, lo escuchas, le besas, la tienes.

No por siempre. Por el tiempo que les toque vivirlo. Sin complicaciones.

¿Cuántas veces puede suceder en 27 años?

¿Cuántas en una vida?

¿Por qué no sucede?

Algo anda mal.

Fav four


a day in the life
all you need is love
come together
eleanor rigby
her majesty
across the universe
dear prudence
happiness is a warm gun
Help
I want you (she's so heavy)
In my life
mean mr. mustard
strawberry fields forever
ticket to ride
tomorrow never knows
yer blues
blackbird
fixing a hole
the fool on the hill
get back
helter skelter
hey jude
let it be
yesterday
free as a bird
here comes the sun
something
while my guitar gently weeps
octopus's garden
she loves you
i want to hold your hand
a hard day's night



-No me atrevería a poner un orden.

domingo, 1 de julio de 2007

Charlas con Dios IV

-Señor, ¿por qué me hiciste así?
-¿Así cómo, hijo?
-Pues así, señor. Gordo, chapparro, alto, güero, sarcástico, débil, fuerte. Ya sabes. Así.
-Yo no decido, hijo. La naturaleza hace su trabajo por sí sola.
-Entonces dejas las cosas al azar.
-En cierta manera.
-¿Y tú? ¿Naciste al azar?
-No, hijo, tú me diste vida e hiciste que me pareciera a ti.
-Valiendo...
-Sí.
-Entonces por eso eso de la ira y el Dios vengativo.
-Jeje, perdón. No soy perfecto.
-Pues si yo te hice... pfff.
-Puedo cambiar.
-¿Tendría que cambiar yo?
-Sí.
-Pfff...
-... =(

Una rosa

Y pensé en regalarte una rosa,
no porque sólo una rosa merezcas,
es por hacerle un favor a mi flor.

Porque tendida le vi marchita,
de color como sangre justo antes de sanar,
porque de aroma emitía un jadeante suspirar;
porque ya casi sin vida le quise adoptar.

Le conté de tus ojos, tu sonrisa,
mi alegría de tenerte,
de mi pena, su hidalguía,
de ser por ti más fuerte.
Que era la más linda rosa
y celebraba el amor,
que de mostrarla a tus ojos, un placer,
me hiciera el favor.

Y ella me dijo que no;
ya no me pertenecía.
Ocultó su rostro entre espinas,
un poco de inocente envidia.
Y sollozando en la brisa
tranquila me decía:

Un regalo es si una flor,
una vida si alegría.
Que no me vea jamás llorar,
cúmpleme esa fantasía.
Que la conozcan mis hijos,
que les haga compañía.
Yo me quedo,
tapiada con este amor,
que en ella has encontrado a tu flor,
mientras yo,
yo volveré algún día.



-El segundo poema de mi vida (como lo recuerdo). Era un bebé, no se rian, ja.

Como Rosa moría

Volteó hacia la ventana y trató de correr la cortina. Le costaba tanto esfuerzo, se agotaba. Logró al fin hacerlo y como prometía, el cuarto ya era del cielo en un destello cegador. Los labios se le amorataban del frío y la tez lucía más blanca que de costumbre, tanto que las venas se asomaban circunspectas a su piel. Poco a poco se arrastraba hacia la ventana y con el cuadro en sus manos daba el toque final a la pintura, con su vientre manchado y sus pechos oprimidos. Por entre las motas de polvo y los blancos techos de toda casa en la colonia, alcanzó a notar un piso abajo, la figura de un hombre. Él la descubrió y se acercó hacia la ventana. Entre el barullo del cuarto inmóvil y danzante, entre sus ecos y el agobiante exterior, alcanzaba a escuchar algo, no sabía qué. El cuadro había escurrido el viso de Rosa en él, mientras la cama hacía lo mismo por su propia imagen, quedando en rojo ambas. Su piel mortecina, violácea en su lamento, viendo los ojos de Ricardo, vacía, con la mano cayendo en aquel cristal, llevándose en él, sintiendo el resoplido de unas palabras, las de él que le llegaban huecas y resonantes, carcomiendo herrumbre acorazado de su pecho sentido, las últimas que nunca debió escuchar: "Te amo, Dedé, ¿Te casarías conmigo?". Mientras las degustaba en una pequeña sonrisa vencida y los ojos vacilantes, con música de serafines para ella proveniente del mariachi esperándola al pie de la ventana y de la boca de su amor.

El hilo de sangre ya cesaba, como en el invierno se recogen las aguas estivales, y quedaba en la mano de Rosa pintada en la ventana regalando al viento sólo un "hola", agotando la mirada.



-Fragmento de mi primer concurso.

Como el Sr. Owen decía

Silueta

"Debo confesar me ha llevado más tiempo del esperado, pero ahora sé y le explico: Usted, sí señor, usted no sabe nada."

Sr. Owen

No pude menos que el soltar una sonora carcajada. Esto ya rayaba en lo estúpido y sin embargo, me sentí confortado de saber seguiría el juego.

"¡Qué barbaridad! Que mis ojos y oídos se asombran de tal capacidad detectivesca, ya que usted ha tardado tan poco tiempo en descubrir que al decir que no entendía absolutamente nada de lo que decía usted, en realidad quería decir que no entendía nada de lo que usted me decía."

Ya no me asombraba nada, todo era un lienzo mal pintado de nuestro amigo nocturno ¿Qué más que oscuridad puede sacar de la noche?

Silueta

"Y con ese sarcasmo la tinta indeleble de mi atino está en su frente. En verdad usted no tiene la más mínima idea de la realidad en que se encuentra. Al principio pensé que era su desesperada lucha por aferrarse a algo ido, algo mayor entre más grandes anhelos, pero ahora me doy cuenta de que es una ignorancia simple y falta de pasión en la que se ve sumido tapándole hasta el más largo de sus cabellos."

Sr. Owen

"Parece haber puesto casa en el fango, señor como se llame. Atascado en una labia tan cerrada no habría de llegar lejos de cualquier forma. ¿En verdad espera que crea, no, discúlpeme, que entienda sólo una de las frases que profiere con tan singular entusiasmo? Incoherentes en demasía, absurdas todas y poseedoras de tintes de "vital importancia". ¿Acaso viene a sentirse algo más enaltecido en mi ignorancia? No lo creo, señor. Le exijo aclare su mente y entonces sí, proceda a explicarme esa situación tan importante para usted en la que dice me encuentro."

Estaba interesado sólo en que todo terminara. Volteó hacia la ventana, se aproximó a ella y observó detenidamente la situación afuera. Su cara se puso seria, más seria que antes de hablar, buscó entre el cuarto mis ojos y por primera vez pude ver un brillo en ellos.




-Fragmento de mi primer teatro.

Como Camila decía

¡Hubo un Rey,
allá por Francia, que de tanto lisonjearse
le quedó la boca rancia!
¿Y por qué ya no le quieren?
-Preguntaba su bufón-.
Y poniéndole el sombrero le decía:
¡Por mamón! ¡Por mamón! ¡Por mamón!



-Fragmento.